
DÍA OCTAVO
¡Señor Nuestro Jesucristo, Salvador de todos los que creen en Ti! Postrados ante tu Santísima presencia te rogamos con el mayor fervor, que imprimas en nuestro corazón los más vivos sentimientos de fe, esperanza, caridad, dolor de nuestros pecados y propósitos de jamás ofenderte, mientras que nosotros llenos de amor y compasión vamos considerando tus cinco llagas, comenzando por aquellas palabras del Profeta: "Han taladrado mis manos y mis pies y se pueden contar todos mis huesos”.Alma de Cristo, santifícanos. Cuerpo de Cristo, sálvanos. Sangre de Cristo, embriáganos. Agua del Costado de Cristo, lávanos. Pasión de Cristo, confórtanos. ¡OH buen Jesús, óyenos! Dentro de tus llagas, escóndenos. No permitas que nos apartemos de Ti. Del enemigo malo defiéndenos. A la hora de la muerte llámanos y mándanos ir a Ti para que con tus santos te alabemos por los siglos de los siglos.
Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)