
DÍA SÉPTIMO
¡Padre Misericordioso siempre dispuesto al perdón! Agobiados por el recuerdo de nuestros muchos pecados queremos rezarte hoy arrepentidos la preciosa oración que te compuso tu Siervo el profeta David: “Misericordia Dios mío por tu bondad. Por tu inmensa compasión borra mi culpa. Borra del todo mi pecado. Purifícame de mis culpas, pues yo reconozco mis faltas. Tengo siempre presente mis pecados. Contra ti, contra ti, sólo pequé: Cometí la maldad que aborreces. Te gusta un corazón sincero y en mi interior me recomiendas sabiduría. Purifícame y quedaré más blanco que la nieve. Aparta de mi pecado tu vista. Borra en mí toda culpa. ¡OH Dios, crea en mí un corazón puro! No me arrojes lejos de tu presencia. No alejes de mí tu Santo Espíritu. Líbrame del castigo que merezco. Otros sacrificios quizás no quieres hoy. Mi sacrificio es un espíritu arrepentido. Un espíritu arrepentido humillado, Tú no lo desprecias. En cambio enseñaré a otros tus doctrinas. Haré que pecadores se vuelvan tuyos y proclamaré tus alabanzas siempre, siempre”.
Amén.
Aquí se pide la gracia que se desea.
(Padre Nuestro, Ave María y Gloria)